No me gusta el día de los enamorados, ni ese tipo al que llaman San Valentín, creo que debe ser un tipo muy egoísta. Igualmente odio al ángel enano del arco… es todo un cegato, un desatinado. Deseo de todo corazón que los despidan, que los manden al paro.
No me gusta el día de los enamorados pues discrimina y mucho. Porque, quién se enamora de las gorditas y gorditos, de los no tan guapos y guapas. Quién le regala flores ese día a los minusválidos, quién se enamorará de los enfermos crónicos. A dónde apunta el crio del arco cuando pasan delante de él los indigentes, los llamados deshechos de la sociedad, las personas mayores y solitarias o los enfermos mentales. Cuándo se acuerdan estos dos de las personas abandonadas por su pareja. Quién regala algo a los enamorados platónicos. Dónde están las rosas para los suicidas por amor.
No me gusta San Valentín ni estar enamorado ese día, porque estarlo es ser pobre de espíritu; muy pobre y además aparentarlo. San Valentín y el Ángelucho ese, son de, y para los pobres de alma. Nosotros, nos enamoramos completamente de quien pensamos está a nuestra altura, y cuando nos corresponden, somos tan ridículos que pensamos no merecerlo. Cuanto más enamorados estamos, más pensamos que no somos dignos. Entonces, viene ese día y nos obligan a demostrar y recordar, que no les merecemos aún, que por estar a nuestro lado hay que regalar, pagar el tributo.
Algunas personas, no regalan ese día, pagan un pacto adquirido. Un alquiler por la apariencia, hasta que el tiempo les separe y entonces, sean abonados los finiquitos por los derechos adquiridos, por aguantarse.
No me gusta ni San Valentín ni Cupido. Yo todos los días me conformo, me siento feliz, pagado, un ser muy agraciado cuando alguien me corresponde una mirada, cuando alguien me insinúa con un roce que quizá, sólo quizá, le gusta algo de mi. Cuando algo me dice muy adentro “incluso siendo mentira” que también ella sabe que a mi me gusta algo de ella. Incluso, soy feliz sabiendo, que nunca nos lo confesaremos de palabra, quizá con un gesto o simplemente con una mirada.
No sé si os lo he dicho ya, pero no me gusta el día de los enamorados. Porque yo, cada día de mi vida, lo estoy.
Dedicado para Neus y Ana
Relato publicado en el diario nouTorrentí el día 24 de febrero del 2012.